viernes, 17 de junio de 2011

Los límites de la razón.

Muchas de nuestras expresiones excederán los límites de nuestra razón, un ejemplo claro son las lágrimas. Las lágrimas indican algo profundamente significativo: que has hecho algo que solo se puede expresar por medio de lágrimas.

Es la parte más desértica de la vida la que es conocida por nuestra razón. Las cosas más importantes de la vida no tienen un motivo racional. La belleza no  tiene que ser racional, ni la dicha,  ni el silencio. Estás van más allá de la razón y sus conceptos;  y solo cuando dejas dormir tu razón comienzas a experimentar cosas que surgen del corazón.

Nuestra vida tenemos que experimentarla, no  entenderla. No preguntemos el motivo, ni lo interpretemos con la mente, simplemente disfrutémoslo. Ocurrirán cosas que nos resultarán mágicas, y si comenzamos a preguntarnos el sentido y motivo de ellas, corremos el riesgo de que dejen de ocurrir.

El significado es irrelevante, lo relevante es que sea significativo.

Pero el significado también es importante, porque quieras o no estás atrapado en la cabeza. Puedes haber experimentado algo que te llegó a fondo del corazón, sin embargo no es bueno que dejes a la mente completamente al margen de tu experiencia, porque puede volverse un impedimento. No te enfrentes a la mente.

¿Te has dado cuenta cómo la mente afecta al cuerpo? Puede alterarlo. Si la mente no  está satisfecha pronto empezará a desconfiar,  a dudar, a sentirse escéptica, te dirá que no  eres racional y, quieras o no, eso te afectará. Debes persuadir a la mente para que te acompañe; no  es necesario que haya un enfrentamiento. Lo mejor es tender un puente entre la mente, el cuerpo y el ser.

La verdad simplemente quiere decir lo que es; y solo es posible que ésta verdad sea revelada si tu consciencia se eleva hasta el florecimiento máximo. Es la consciencia quien descubre la verdad; por eso son muy  recomendables los lapsos de silencio y de meditación. El silencio y la meditación no  te otorgan la verdad, pero cada vez te otorgan más consciencia. Y  finalmente la consciencia te da dos cosas: por un lado la verdad y por otro una enorme dicha.
Has que el silencio sea tu modo de oración,  y lleva la oración en tus latidos. Si haces esto, siempre sentirás una enorme gratitud hacia todo lo que nos proporciona la existencia: vida, amor, llanto,  risa.

martes, 14 de junio de 2011

VerdaderaMENTE.

Si existe algo absoluto a lo que no podemos renunciar es a la verdad. La verdad es aquello que en cuanto surge, obliga a la mente a desaparecer por completo, esto es porque la mente es el principal opositor de la verdad.

Aceptemos que en todo momento la mente lo quiere saber todo - porque la mente tiene poder sobre todo lo que sabe-. Por lo cual, para nuestra mente no deberían existir los misterios, puesto éstos le incomodan.

Innegable es que a la mente solo le interesan las “verdades subjetivas”. Si profundizamos un poco más, verás que a la mente tampoco le interesa la consciencia. El motivo del consumo de alcohol y drogas por ejemplo, es un esfuerzo constante de la mente por ahogarse en la inconsciencia. La inconsciencia relaja la mente, y evita la verdad.

“Una pregunta” es la mente intentando comprender lo que le está sucediendo. Y lo que le está sucediendo está más allá de su capacidad de comprensión, por eso sentimos miedo,  temblamos,  o estamos preocupados. Por ese mismo motivo somos más grandes que la mente, experimentando muchas cosas que ésta no logra entender, porque la mente es incapaz de comprender nada que no  se reduzca al lenguaje.

Aquello que debe de interesarnos es aquello a lo que se denomina “incognoscible”,  y no hay  forma alguna que lo incognoscible se vuelva parte del conocimiento. Lo incognoscible podemos vivirlo y experimentarlo, más no conocerlo.

Y ante ésta verdad no debemos hacer nada, solo estar inmensamente agradecidos. Mientras el conocimiento nos informa, la gratitud nos trasforma.

Ésta gratitud es una de las cualidades casi perdidas en el hombre de hoy en día: el agradecimiento sin saber el por qué. Estar agradecido a lo desconocido,  a lo que está más allá de la capacidad de la mente.