Muchas de nuestras expresiones excederán los límites de nuestra razón, un ejemplo claro son las lágrimas. Las lágrimas indican algo profundamente significativo: que has hecho algo que solo se puede expresar por medio de lágrimas.
Es la parte más desértica de la vida la que es conocida por nuestra razón. Las cosas más importantes de la vida no tienen un motivo racional. La belleza no tiene que ser racional, ni la dicha, ni el silencio. Estás van más allá de la razón y sus conceptos; y solo cuando dejas dormir tu razón comienzas a experimentar cosas que surgen del corazón.
Nuestra vida tenemos que experimentarla, no entenderla. No preguntemos el motivo, ni lo interpretemos con la mente, simplemente disfrutémoslo. Ocurrirán cosas que nos resultarán mágicas, y si comenzamos a preguntarnos el sentido y motivo de ellas, corremos el riesgo de que dejen de ocurrir.
El significado es irrelevante, lo relevante es que sea significativo.
Pero el significado también es importante, porque quieras o no estás atrapado en la cabeza. Puedes haber experimentado algo que te llegó a fondo del corazón, sin embargo no es bueno que dejes a la mente completamente al margen de tu experiencia, porque puede volverse un impedimento. No te enfrentes a la mente.
¿Te has dado cuenta cómo la mente afecta al cuerpo? Puede alterarlo. Si la mente no está satisfecha pronto empezará a desconfiar, a dudar, a sentirse escéptica, te dirá que no eres racional y, quieras o no, eso te afectará. Debes persuadir a la mente para que te acompañe; no es necesario que haya un enfrentamiento. Lo mejor es tender un puente entre la mente, el cuerpo y el ser.
La verdad simplemente quiere decir lo que es; y solo es posible que ésta verdad sea revelada si tu consciencia se eleva hasta el florecimiento máximo. Es la consciencia quien descubre la verdad; por eso son muy recomendables los lapsos de silencio y de meditación. El silencio y la meditación no te otorgan la verdad, pero cada vez te otorgan más consciencia. Y finalmente la consciencia te da dos cosas: por un lado la verdad y por otro una enorme dicha.
Has que el silencio sea tu modo de oración, y lleva la oración en tus latidos. Si haces esto, siempre sentirás una enorme gratitud hacia todo lo que nos proporciona la existencia: vida, amor, llanto, risa.